Lo esencial
No es una refundación. Mantiene el viento a nivel de servicio, ráfaga de 3 segundos y retorno de 50 años. No adopta los mapas de ASCE 7-22.
Lo que cambia de verdad es la base climática, la zonificación, el factor de importancia en categoría IV, un factor nuevo por altitud, y unos pisos de presión que ningún estudio puede perforar.
Lo primero que hay que sacar de la cabeza es que esto sea un cambio de escuela. La 2025 no es una traducción de ASCE 7-22. El comité evaluó ese camino —mapas a nivel de resistencia, con períodos de retorno distintos según categoría— y lo descartó por dos razones que dijo en público: no hay densidad de datos para construir varios mapas nacionales confiables, y habría desarticulado la relación con la NCh 3171.
Traducido: la velocidad sigue siendo de servicio, con retorno de 50 años, y el factor 1,6 de la combinación sigue donde estaba.
Guarda esa frase. Vuelve al final, y es la que puede costar cara.
De once estaciones a treinta y seis
El trabajo que sustentó la edición de 2010 se apoyaba en once localidades. Para la 2025 el comité revisó 140 estaciones y retuvo 36, filtrando por calidad y exigiendo al menos diez años de registro, con ajuste de Gumbel sobre los máximos anuales.
Con esa base cambió el mapa. Las tres franjas generales se reemplazan por zonas 1 a 6 de norte a sur, y las zonas 1 a 4 se subdividen en subzona A, lado mar, y subzona B, lado cordillera. Las dos zonas más australes, la 5 y la 6, no se subdividen por falta de datos. Se agregan además valores propios para Rapa Nui, Juan Fernández y la Antártica.
No des por sabida tu zona. Cuál le corresponde a cada comuna se lee en la tabla oficial, y es lo primero que hay que archivar del proyecto: la zonificación cambió entera, así que la intuición de dónde caía uno con el mapa anterior no sirve como referencia.
Y conviene saber esto: el propio comité transparentó que la confianza no es pareja. Hay zonas con catorce estaciones y zonas sin estaciones interiores, y según el caso usó la media más una desviación, el máximo, estaciones cercanas o directamente conservó valores históricos. Por eso adoptó el término velocidad característica en vez de hablar de un percentil uniforme. Un proyecto cordillerano o lejos de una estación merece más escrutinio que un edificio urbano bien caracterizado.
El cuadrado, que es donde está la tentación
En los ejemplos que mostró el comité aparecen reducciones del orden de 50 a 40 m/s y de 55 a 44 m/s. Como el término dinámico va con V²:
- −10 % en la velocidad ≈ −19 % en V²
- −20 % en la velocidad ≈ −36 % en V²
Ahí está la tentación, y ahí está el error. Ese no es el cambio de diseño. Entre V² y la carga final están Kz, Kzt, Kd, el nuevo Kₑ, el factor de ráfaga, los coeficientes de presión, la importancia, la presión interna y los mínimos. Cualquiera de ellos puede gobernar o compensar buena parte del efecto.
Lo que empuja para el otro lado
El factor de importancia en categoría IV sube de 1,15 a 1,22. Si tu proyecto es esencial —salud, emergencia, infraestructura crítica—, la demanda relativa aumenta aunque la velocidad de tu zona haya bajado.
Aparecen presiones mínimas de diseño: 0,25 kN/m² en muros y 0,30 kN/m² en techos. Esto es un piso duro. Un estudio de datos de sitio puede justificar una velocidad menor que la tabla, pero no puede llevar la demanda por debajo de esos mínimos. Hay que implementarlos como control posterior al cálculo, no como un valor más de la planilla.
El revestimiento sigue teniendo vida propia. Las presiones locales en áreas tributarias pequeñas y en zonas de borde y esquina pueden superar las presiones globales del marco. Revisar el sistema principal no demuestra nada sobre el cerramiento: son dos verificaciones separadas y así hay que dejarlas en la memoria.
Y hay un factor nuevo, Kₑ, que corrige la menor densidad del aire con la altitud. Es siempre ≤ 1 y la norma recomienda usar 1,0, que es lo conservador. Si decides aprovechar la reducción en un proyecto cordillerano, esa decisión tiene que quedar escrita y ser consistente en todo el modelo.
La trampa que puede costar cara
Vuelvo a la frase del principio, porque es el riesgo real de esta transición y no tiene nada que ver con la velocidad.
No mezcles bases. La velocidad de la 2025 es de servicio, y por eso convive con el factor 1,6 de la NCh 3171. Un mapa de viento último de ASCE 7-22 vive en otra base de confiabilidad, con factor 1,0. Tomar la velocidad de un lado y el factor del otro produce una estructura que no está calculada contra nada.
Una planilla no está actualizada porque le cambiaste la tabla de velocidades. Está actualizada cuando conserva la base de carga, el factor de importancia y la combinación coherentes entre sí.
Y si un mandante exige ASCE 7-22 por contrato, se puede diseñar con él — pero completo: mapa, categoría, período de retorno, factores, combinaciones y coeficientes. No a pedazos.
Dos cosas que dejan de improvisarse
Paneles solares. La norma incorpora disposiciones específicas para paneles sobre cubierta y para paneles fijos a nivel de terreno. Ya no corresponde inventar coeficientes. La excepción: las instalaciones de generación del Sistema Eléctrico Nacional quedan fuera y se rigen por su normativa sectorial.
El método simplificado del Anexo A, que es normativo y no ilustrativo. Reduce horas de cálculo en construcciones menores, pero exige cinco condiciones a la vez: categoría de riesgo I o II, estructura cerrada, altura propia no mayor a 6 m, planta menor a 500 m² y techo único. Basta incumplir una para volver al método general — y un galpón abierto o parcialmente cerrado no califica, porque la presión interna puede gobernar.
Lo que la norma no cubre, y no es carga cero
Quedan fuera los ensayos de túnel de viento —el comité remite al capítulo 31 de ASCE 7-22—, los puentes, las instalaciones del Sistema Eléctrico Nacional, las cargas de tornado, las etapas de montaje y los límites de deformación o vibración, que salen de la norma del material o del criterio del mandante.
Estar fuera del alcance no significa carga nula: significa que hay que elegir y justificar un método complementario.
Qué hacer antes de febrero
Saca las velocidades fijas de las planillas. Cualquier mapa antiguo embebido en una macro es una bomba de tiempo: cada proyecto tiene que volver a identificar su zona.
Agrega un campo obligatorio de edición normativa en carátulas y memorias. Cuando convivan proyectos de las dos bases, lo único que evita el desastre es que cada uno diga en su portada contra qué se calculó.
Valida la planilla nueva con cinco casos, no con uno: una zona costera, una cordillerana, una categoría IV, un caso gobernado por el mínimo y un caso de Anexo A.
Revisa las combinaciones y bloquea cualquier automatismo que cambie el 1,6 por 1,0.
Y no esperes a febrero. El riesgo no es llegar tarde: es implementar a última hora y mezclar mapas, factores y combinaciones de dos normas distintas.
Las cifras y decisiones de esta nota provienen de la exposición pública del comité técnico —Colegio de Ingenieros, julio de 2025— y de la síntesis de AICE, más el decreto exento N° 584 del MOP para las fechas, del que se ocupa la nota anterior. No sustituyen al texto oficial: los valores zonales exactos, las fronteras cartográficas, los coeficientes y las condiciones del Anexo A hay que leerlos en el ejemplar del INN.
